Por Jorge Gibert
La Marcha por la Ciencia es un evento complejo y puede tener varias lecturas. La primera es generalista, asociada al impetu movimientista de inicios del siglo XXI, que se traducen en Occupy Wall Street, M-15 y la protesta de los taxistas contra Uber. Ellas son parte de un árbol genealógico cuyas raíces probablemente están en el espíritu anti-globalizacion o anti-consecuencias de ella. Por diversas casualidades, me tocó vivir todos ellos y pienso que la motivación sin ser clara, refleja una posición: la posición del excluido. Y ser científico en Chile implica una posición de exclusión, desde el minuto que un joven Ph.D. gana menos de lo que gana, en muchísimas areas, un técnico universitario. Para no hablar de un científico consagrado, con una obra en su disciplina, cuya renta es muy inferior a la de un sub-gerente de empresa mediana. Pero no es solo un asunto de dinero, también es un asunto de prestigio social, ya que en el Chile neoliberal vales socialmente por lo que tienes.
Una segunda lectura puede ser: hacer ciencia en Chile es “raro”, ser innovador es una “insolencia” y, desde las esferas empresariales pero también políticas, constituye un “desperdicio”. Y además, ¿que tanto alegan (dirán desde las alturas del poder) cuando los presupuestos, becas y demases incentivos a la ciencia se han multiplicado varias veces desde la llegada de la democracia? Pero lo cierto es que el mundo científico, tecnológico y de la innovación no alegan desde la pobreza (creo), sino más bien por la gran farra que significa para un pais esclavo de sus recursos naturales que no le agreguemos valor a estas exportaciones. Al menos desde la economía política, uno constata que en 1970 habían exportaciones mineras con más valor agregado que hoy: Chile exportaba más alambrón de cobre en 1970. Hoy lo hace menos: en un container de mineral, el 70% es escoria, por lo que podemos afirmar que la mayor exportación de Chile es escoria, NO cobre. Alegamos por las oportunidades perdidas, por hipotecar el futuro.
Una tercera lectura es de mercado laboral. En efecto, las becas Chile han multiplicado la fuerza de trabajo científica y, en cierto sentido, se han generado condiciones para una suerte de sindicalizacion científica: los científicos queremos ser reconocidos en nuestros derechos laborales. Pero como no somos obreros, en vez de sindicatos se ha elegido la constitución de fundaciones, corporaciones y ONGs pro-ciencia, que han entrado a la lucha por el poder, al menos mediático. Es mediante la conexión ciencia-política que los científicos han puesto en el debate la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnologia para Chile. Esto no es nuevo: se pueden rastrear muchas posturas favorables al respecto, desde los años 80 inclusive. Un rol importante en esa materia la han tenido los activistas pro-ciencia, que no siempre son cientificos, pero que aportan al desarrollo de la ciencia, como los periodistas por ejemplo. En ese sentido, la marcha es expresión del deseo de dotar a Chile de un Ministerio de CyT, así como de aumentar el presupuesto estatal para la ciencia y llegar al 1% del PIB.
Una cuarta es que la ciencia como tal hoy posee un leve carácter de espectáculo – al igual que la politica – y muchos científicos y activistas pro-ciencia destinan su tiempo a visibilizar la actividad científica, a hacerle propaganda. En ese sentido, la marcha es eso: publicidad pro-ciencia. Hay maneras de hacer esto, muchas. El Congreso del Futuro es una, aunque para mí al menos, sea algo triste tener que apelar a una mala analogía para llamar la atención del público (como por ejemplo, que las plantas son inteligentes y tienen sentimientos, o que el universo posee un diseño).
En fin, podria seguir y quizás aprovechar de escribir un paper sensacionalista, para llamar la atención de algún editor y ojalá ponerlo en problemas ya sea con el título, mi condición de género o de etnia, para que pensando en una futura demanda por discriminación, me publique el trabajo de todas formas, aunque sea malo el paper…pues debo mejorar mis indicadores de “productividad” para la OCDE.
Es muy complejo. PERO YO VOY. Y mis razones son absoluta y completamente pasadas de moda. Soy más bien un ilustrado, que cree en la posibilidad y deseabilidad de la verdad, que cree que la ciencia permite comprender mejor la realidad y que el progreso intelectual (ciencia+humanidades+arte) permite avanzar a la civilización hacia un futuro mas emocionante y luminoso. Por eso voy.